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Un estadio para 4.000 millones de espectadores agosto 30, 2008

Posted by christian saucedo in Essays.
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Un estadio para 4.000 millones de espectadores

José Pérez de Lama / notas de trabajo

Descrito mediáticamente con el mixtificador nombre de “El Nido”, cuando más bien parece una jaula, el estadio olímpico de Pekín y la inauguración de los Juegos Olímpicos que tuvo allí lugar constituyen quizás el acontecimiento arquitectónico y metropolitano global más sobresaliente desde el Guggenheim de Bilbao (1997).

Como el Guggenheim, diseñado por el starchitect global Frank Gehry, el estadio olímpico de Pekín también es diseño de dos arquitectos estrellas, en este caso, el equipo de origen suizo Herzog y De Meuron (en España el Forum 2004 de Barcelona, el Museo del Flamenco de Jerez – proyecto – y la sede de Caixa Forum en Madrid; a escala global, la Tate Modern de Londres).

Lo que hace especialmente destacados ambos proyectos, no es sólo su innovación y/o belleza formal y tecnológica, – sino el ser como el Barca en su momento -, algo más que una arquitectura – en el sentido tradicional del término. Analizarlo así, estimo que nos da más claves para pensar su seducción y el significado de su relevancia innovadora. Cuando analizamos edificios les pregunto a mis estudiantes por las formas singulares de belleza que crean los edificios que nos atraen. Una de las vías por las que me gusta aproximarme a la cuestión es preguntándonos por las nuevas máquinas que las arquitecturas contribuyen a generar, las máquinas en las que se ensamblan, en cuya creación participan. Máquinas, entendidas, como escribe Brian Holmes, en el sentido fuerte del término, en el sentido deleziano-guattariano, esto es, “los ensamblajes simbólicos, tecnológicos, humanos (y espaciales) que nos configuran a nosotros mismos y a nuestras sociedades, y las hacen funcionar de las formas especificas en que lo hacen”. (1)

Si el Guggenheim debía ser comprendido como parte del diagrama compuesto por el museo-institución Guggenheim y el rol del arte contemporáneo a principios del siglo XXI, el proyecto de reconversión de Bilbao en el marco de la competencia global de ciudades, la cultura posmoderna y las nuevas técnicas de diseño y fabricación digital, ¿en qué contexto o diagrama podríamos situar el estadio olímpico de Beijing? Y una segunda pregunta, ¿se trata de una realidad cualitativamente diferente que nos permita hablar de una innovación respecto de Bilbao o se trata sólo de una nueva versión de la misma máquina productora de mundo?

Voy a desarrollar la hipótesis de trabajo de que es efectivamente una nueva realidad.

Para esta hipótesis, consideraré que la “función” principal del estadio no es la de servir de lugar para el desarrollo de las pruebas olímpicas de atletismo, ni tampoco la de funcionar como elemento catalizador del futuro desarrollo urbano, ni en un sentido tradicional, rossiano, del término (Rossi, 1966), ni tampoco en un sentido espectacular como sería el de Bilbao. Estas serían funciones de segundo orden. Su función principal fue la de servir de soporte para la ceremonia de inauguración, un evento al que según los medios de comuncación, asistieron 90 y pico mil espectadores locales y 4.000 millones de telespectadores (El País, edición digital 08.08.08). Esto es indudablemente un hecho radicalmente nuevo, para empezar, cuantitativamente. Además, si miramos sin prejuicios arquitectónicos las espectaculares fotos de la inauguración comprobamos efectivamente que allí se daba un espacio que no era el estrictamente construido por los arquitectos, un espacio flotante, mágico, de ciencia ficción; un espacio que dejaba a la arquitectura en su sentido tradicional limitada a una sombra, casi a una ausencia.

Para el comentarista del diario El País, sin duda inconsciente de ciertas dimensiones del espacio que ahora intentaremos desarrollar, el edificio fue incluso un obstáculo para el éxito del evento: “Sólo el Nido, como se conoce al futurista estadio olímpico, empañó el espectáculo al resultar una caldera asfixiante. Sus reputados arquitectos, (el gabinete suizo) de Herzog y De Meuron, no han reparado en la ventilación y la estrechez de las bocanas de acceso a las localidades (que impiden) cualquier corriente de aire. Insoportable” (El País, 09.08.08).

Máquina 1: Arquitectura mediática

Entre los años 50 y 70, ciertas vanguardias artísticas y arquitectónicas reivindicaban que la arquitectura no debiera ser sino el soporte para la vida, para que se produjeran situaciones cotidianas o singulares – lo que viene describiéndose como arquitectura del evento, o generadora de eventos (Situacionistas, Cedric Price). En un artículo reciente, Nuria A. Lombardero (2008), recordaba el proyecto de Archigram para Montecarlo, en el que proponían una idea de arquitectura como “serviced shed”, – contenedor equipado, podríamos traducir -, así como la influencia de estas ideas en arquitectos contemporáneos como Koolhaas y Tschumi. Y los propios Archigram, como Cedric Price, Joan Littlewood, y Gordon Pask, algunos años antes en su proyecto para el Fun Palace (Mathews, 2007), veían las tecnologías electrónicas e informáticas como elemento fundamental de este equipamiento, que permitiría la transformabilidad y flexibilidad de los espacios. La mayoría de estos arquitectos vislumbraban este horizonte como una liberación de la tradicional asociación de la arquitectura con lo permanente y con el pasado, como una posibilidad de emancipación para sus potenciales usuarios-habitantes. En paralelo con estas investigaciones arquitectónicas se daban también, en ámbitos contraculturales, las primeras experimentaciones con espacios mediáticos, como las de los Merry Pranksters en California (Pérez de Lama, 2007), de Nam June Paik y John Cage en el entorno de Fluxus, – o del propio Buckminster Fuller por su cuenta o con los Eames (en proyectos mucho menos contraculturales, Holmes 2008, Colomina 2007) -.

Fig. 2 Eames y B. Fuller, Glimpses of the USA, Moscú 1959. 

Adonde iba; me parece de interés interpretar la ceremonia inaugural del los Juegos como el producto principal del proyecto, como arquitectura instantánea, en cierto modo en la tradición fundada en la experimentación arquitectónica y artística de los años 60 y 70; aunque claro, adaptada a las nuevas circunstancias (2). Esto nos obliga en primer lugar a incorporar al equipo de “arquitectos”, o media-arquitectos, al menos a Zhang Yimou, director de cine y jefe del equipo, y a Mark Fisher, arquitecto de formación y director de escenografía del evento (El País, 08.08.08).

William Mitchell (2003) escribe sobre las transformaciones en las relaciones privado-público introducidas por la revolución de las comunicaciones. El caso de los estudios de tv y de los estadios es uno de los que describe entre las múltiples maneras en las que lo que antes llamábamos con seguridad público y privado se hibridan y complejizan. El acceso a un estadio está altamente controlado – en el caso de Pekín miles de policías se ocupan de esto -; y sin embargo lo que ocurre dentro es visto, desde la intimidad de sus casas o también en un local público, por miles de personas, – en este caso 4.000 millones -, con un detalle, el primer plano de la cara de Nadal, o del abrazo entre Putin y Bush, que no es accesible a los físicamente asistentes. La certeza de este carácter público, global, hace que lo que allí ocurra sea radicalmente distinto, desde los contratos multimillonarios de la publicidad, a la responsabilidad extraordinaria de los perfomers. La realidad de lo que allí ocurre se sitúa en un espacio híbrido entre lo físico-tradicional y lo mediático característico del presente. Si comparamos los 90.000 asistentes del público con la audiencia global, vemos cual de estas dos realidades es más importante. El público asistente es, casi, como los figurantes que van a hacer de público en Juan-y-medio o cualquier otro concurso de la tele. Incluso los atletas, los supuestos protagonistas de Olimpiadas quedaban en segunod plano lamentable, teniendo que aguntar de pie y bajo un calor sofocante varias horas – algunos de ellos, como la estrella de la natación española Erika Villaecija, se resfrió de tanto sudar y como consecuencia hizo un papel desastroso en las competiciones (Marca 15.08.08).

En esta arquitectura mediatica, los principales autores no son ya Herzog y De Meuron, cuyo edificio desapareció bajo las coreografías de luces, dispositivos tecnológicos y cuerpos, sino Zhang Yimou, Mark Fisher y los editores de la emisión de televisión y de las pantallas locales, que como se ha ido revelando editaban en tiempo real lo que estaba ocurriendo.

Un director de cine y un escenógrafo de conciertos de los Rolling Stones, y su equipo, pues, produciendo esta máquina arquitectónico-mediática global, que utiliza como soporte un edificio de superdiseño. Merece la pena extrañarse de que las tecnologías y el imaginario de los conciertos de pop-rock, pantallas, – máquinas que suben y bajan, visuales y música que generan atmósferas en continua transformación -, se hayan convertido en el lenguaje mediático del estado llamado a ser el más poderoso del siglo 21. Es el nuevo Barroco. Una mezcla de poderío tecnológico y mito, que siempre me gusta comparar con lo que significaría la catedral de la Ciudad de México en la colonización española de América – en esto, bastante similar al Guggenheim de Bilbao.

Se pueden señalar varias cuestiones de interés. La primera es el carácter “editado” o post-producido, como diría Nicolas Bourriad (2001), del evento (3). Como ya venía ocurriendo en los Estados Unidos desde el incidente de Janet Jackson enseñando su anatomía en una gala en directo, se trata en realidad de un directo con 10 segundos de delay, que permite, en el caso de que ocurra algo imprevisto, eliminar el segmento y cambiar de toma y de centro de atención (El País, 24.07.08). El evento, a diferencia de las prácticas fundacionales de los situacionistas o los happenings de Fluxus, contaba con casi un año de ensayos, estando todos sus detalles previstos. En los días siguientes a la ceremonia se reveló además que los fuegos artificiales, que extendían el acontecimiento a su entorno urbano y el cielo, fueron efectivamente editados audiovisualmente, tanto para la emisión de televisión como para las pantallas situadas en el propio estadio. Una edición en tiempo real, se supone, que mejoraba lo que estaba ocurriendo en ¿realidad? – que no estaba a la altura de las previsiones de los directores del evento, debido a las malas condiciones del aire en la noche en cuestión en la ciudad pekinesa. Otros pequeños detalles de simulación, también poco a poco desvelados por la prensa, contribuyeron a maquillar adecuadamente la realidad: la niña que hacía play-back, los niños que representaban a las diferentes etnias que no eran sino representantes para evitar posibles conflictos políticos (El País, 16.08.08, La Vanguardia 17.08.08), y es de suponer que muchos más que no han llegado hasta el público global.

Una pregunta que me suelo hacer: ¿Por qué hablar de arquitectura mediática y no de la relación arquitectura – teatro o performance en un sentido tradicional? Quizás cabe hablar de un devenir teatro o performance de la arquitectura, esto es, de una arquitectura que ya no contiene una obra, en la que ambas se perciben como claramente diferentes, sino de un hacerse cada vez más indiferenciables, en su funcionamiento, el contenedor y el contenido; de una hibridiación quizás. Primero, el supuesto contenido, el evento, se hace envolvente, no se sitúa en un espacio específico, se convierte en una atmósfera que incluye al público – como ocurre en todas las prácticas teatrales que pretenden romper la cuarta pared. Segundo, la imbricación de sus elementos es más compleja: instalaciones, paramentos que se hacen pantallas, iluminación “inteligente” que es a la vez parte de la arquitectura y de la arquitectura, paramentos que son pantallas, elementos de la edificación que se tranforman… Tercero, el edificio forma parte de un sistema o red más amplia, que se proyecta por un lado en la ciudad – con los fuegos artificiales -, pero sobre todo en la realidad tele-mediática, y en ésta, claramente tiene un carácter subalterno respecto de los valores simbólicos y comunicativos. Cuarto, desde el punto de vista económico, los presupuestos de la construcción y de la producción del evento son de un orden similar (360 y 66 millones de euros, El País 08.08.08), aún cuando uno se supone que durará al menos 25 años, y el otro un sólo día – eso sí, con la vocación de quedar en la memoria de los que lo vieron para siempre.

También resulta interesante que se ven, al menos en Internet, muchas más fotos del modelo 3D del estadio, un par de variantes del estadio encendido por la noche que del propio edificio, que parece no estar a la altura de la imagen digital mucho más icónica y mediática.

Fig. 3 Simulación digital del estadio olímpico Pekín 2008 utilizada para la promoción del evento

Estudiando el Fun Palace de Cedric Price, que para mí sería uno de los referentes históricos del caso que tratamos, llama la atención uno de los modelos que a su vez usaron el arquitecto y su socia la autora teatral Joan Littlewood, que es el Teatro Total de Erwin Piscator y Walter Gropius (1927). El teatro constaba de tres escenarios diferentes y pantallas de proyecciones en las paredes y en los techos. Bertolt Brecht escribió sobre el teatro de Piscator que no sólo “proveería al espectador de una experiencia sino que la obligaría a tomar una decisión práctica para intervenir activamente en la vida” (Mathews, 2007: 52). Una capacidad de persuasión, de producción de la vida podríamos decir usando términos biopolíticos, que también exploraron los Eames con Buckminster Fuller en su pionero proyecto multimedia presentado en Moscú en 1958, que Colomina llega a calificar como un arma de la Guerra Fría aplicada sobre la subjetividad de los desprevenidos moscovitas, que quedaban devastados por el poder de las imágenes, enormes, inmersivas, que se sucedían a una velocidad hasta entonces nunca experimentada. El hecho de que los 14.000 actuantes de la ceremonia inaugural 9.000 fueran militares (El País 09.08.08) determina una conexión adicional entre la ceremonia de Pekín y el espectáculo multimedia del equipo Eames-Fuller.

Fig. 4 Acto de apertura de los Juegos Olímpicos, 08.08.2008, Pekín. 

Saberes nómadas / tecnologías de estado

No soy muy asiduo a macroconciertos, pero quiero suponer que la combinación entre edificación y medios tecnológicos locales y globales empleadas (deployed en inglés, con su sentido militar, sería una palabra más adecuada) fue extraordinaria. Los varios miles de actuantes equipados con leds interactivos y sincronizados colocados sobre sus cuerpos llevaban a una escala casi inimaginable, las performances experimentales de grupos de danza y tecnología, con la particularidad quizás de estar conectados a la red que controlaba las atmósferas lumínicas y visuales de todo el espacio – cuerpo, evento, edificio, mediasfera conectados. Las múltiples pantallas y proyecciones, la pantalla-bola del mundo que emergió del suelo, el friso por el que voló el atleta encargado de encender la antorcha, y sobre el que aparecieron 2008 caras de niños de todo el mundo, las más claśicas pantallas desde las que saludó a los asistentes desde algún lugar del mundo el presidente de la ONU, y que luego hacían de espejo del interior del estadio o de los fuegos artificiales en el cielo, anticipaban las visiones de Lech Manovich (2006) de un medio urbano en el que cada superficie será una pantalla interactiva. El conjunto, sin duda, era una brillante escena de ciencia ficción.

Cabe imaginar incluso que el modelo digital del edificio (BIM, Building Information Management) y la gestión del evento fueran parte de una misma red de algoritmos y data, que coordinase y monitorizase desde los sistemas tradicionales de la edificación, iluminación, ventilación o seguridad, como proyecciones, actuantes (a todos se les veía equipados con equipos de comunicación adaptados a sus oídos), lanzamiento de los fuegos artificiales, grabación, edición y emsión.

Fig. 5 Acto de apertura de los Juegos Olímpicos, 08.08.2008, Pekín. 

La ciencia ficción, intenta pensar el futuro. Pero este futuro, más allá de la belleza visual y la fascinación tecnológica, quizás debido a la estética de las coreografías de masas, el control milimetrado y la acumulación de presidentes de gobierno sudando en mangas de camisa, transmitía, al menos amí, un cierto regusto siniestro.

Ninguno de los proyectos contemporáneos emancipadores de las tecnologías digitales se ven recogidos en este imagen del futuro propuesta por China: software y conocimiento libre, comunicación independiente, redes de cooperación horizontales… Del mismo modo que tampoco se ve rastro de las dimensiones emancipadoras de los pioneros de la arquitectura como evento: los situacionistas, Price, Archigram; o de los espacios mediáticos: los Merry Pranksters, los Greatful Dead, la propia Fura del Baus. Posiblemente sea esto lo que me parece siniestro, y su proyección a escala global, a 4.000 millones de espectadores. (4)

En la línea de la enunciación política entre la poesía y los memes digitales del gobierno chino – heping jueqi o ascenso pacífico,xiakang o sociedad moderadamente acomodada, hexie shehui o sociedad armoniosa, win-win en inglés o beneficio mutuo para las relaciones internacionales (El País, José Reinoso 08.08.08) -, el lema de las Olimpiadas es One Dream, One World (Un sueño, un mundo). Cabría especular acerca de las conexiones entre este lema y el imaginario producido por el evento de la apertura de los Juegos. Algunos comentarios sobre las relaciones del estadio olímpico y la ciudad de Beijing quizás nos ayuden a plantear preguntas sobre el asunto. ¿Es eśte nuestro sueño común?

Fig. 6 Escena al paso de la antorcha olímpica por las calles de Pekín.

Máquina 2: Pekín, metrópolis del comunismo capitalista

La segunda perspectiva que voy a comentar es la de la composición del estadio olímpico en la nueva ciudad de Pekín. Parece fácil criticar a Beijing, pero no se trata tanto de criticar a China, como ver en esta ciudad las tendencias que se están haciendo hegemónicas en el urbanismo contemporáneo; se trata de crticar la cultura urbana contemporánea a través del ejemplo vanguardista de la capital olímpica. En este sentido el último e imprescindible libro de Naomi Klein, The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism, parece una buena guía para empezar. Klein, conocida crítica de la globalización capitalista, analiza en este libro el desarrollo reciente de las políticas económicas neoliberales o neoconservadoras y su relación con los derechos humanos y la violencia, y en una fase siguiente, con la gestión de los desastres y las crisis, naturales, económicas o políticas. Su principal tesis es que reformas económicas neoconservadoras (privatización, desregulación y recortes de gastos sociales) y violencia forman parte intrínseca de una misma máquina; esto es, no ha sido posible en ningún país del mundo, – desde el Chile de Pinochet, pasando por Argentina, Suráfrica, Polonia, Rusia, China, Palestina o Irak – imponer el modelo económico neoliberal sin la concurrencia de desastres que hayan suspendido la resistencia de la población a su aplicación; ya sea un golpe de estado violento y la represión como en Chile, la guerra en Irak, el huracán en Nueva Orleans, o sucesos como los de Tiananmen en China. Klein explica además de manera documentada y verosímil como en cada uno de estos casos, la aparente prosperidad producida por la política privatizadoras y desreguladoras, no es tal, sino el enriquecmiento de las minorías dominantes locales y de las élites globales a costa de la esquilmación de los bienes públicos y del común y el empobrecimiento y la precarización social y política de la mayor parte de las poblaciones locales.

El caso de China, que recibe el asesoramiento directo de Milton Friedman, el gurú de los neoconservadores, desde el inicio de sus políticas de cambio económico, es uno de los casos paradigmáticos para la investigadora. La tábula rasa, tan querida en su día de Rem Koolhaas (La ciudad genérica, 1995), es también uno de los escenarios preferidos de la Escuela de Chicago.

Tres podrían ser las cuestiones que sobresalen de las noticias que vienen llegando de la transformación urbana de Pekín. La primera efectivamente, la del crecimiento acelerado con la sustitución radical de acuerdo con la lógica de mercado de los modelos urbanos precedentes por lo que podríamos llamar, siguiendo a Koolhaas, ciudad genérica. La segunda, la falta de libertades urbanas, al menos desde el punto de vista europeo, en la que destaca la monopolización de los discursos sobre lo público por parte del estado. La tercera, el proyecto de modelación de los comportamientos, de los cuerpos. Como puede observarse, ninguna de estas cuestiones es específicamente china, sino que más bien forman parte de la cultura contemporánea – con la particularidad de que la singular combinación de explosión económica, capitalismo neoconservador y autoritarismo de partido único (el Realismo Mercantilista según lo bautizara Koolhaas, 2000), las hacen especialmente patentes en el caso de Beijing.

Fig. 7 Estadio olímpico protegido por la policía china.

Algunas noticias de prensa de estos días: obras espectaculares que se proyectan a la vez local y globalmente realizadas por arquitectos mediáticos (Foster, Koolhaas (5), Herzog y De Meuron, y en menor medida Paul Andreu), sofisticadas tecnologías y ejércitos de trabajadores procedentes del campo que habitan en condiciones de infravivienda (Fei, 2008); demolición de los barrios tradicionales (hutongs, ABC 05.08.08) e inicio de la gentrificación de los escasos restantes (The New York Times, N. Ouroussoff 27.07.08); un medio urbano entre los más contaminados del mundo (El País, 02.08.08, Le Monde Diplomatique 05.08.08); 1.500.000 policías (según una noticia en televisión, aunque otras fuentes más moderadas dicen 110.000 policías, soldados y comandos antiterroristas; El País 02.08.08); proliferación de áreas urbanas valladas e intensamente vigiladas, incluyendo por supuesto un fortísimo control del acceso a los edificios olímpicos (espacios públicos), incluso instalación de baterías antiaéreas junto a los estadios; zonas delimitadas para protestas situadas en la periferia (El País, 24.07.08); registros para entrar en los principales espacios públicos (Tiananmen) y en espacios públicos cotidianos como el metro; cierre de locales alternativos (El País, 02.02.08) y viviendas marginales (Público 29.07.08); normas de conducta para los ciudadanos (5 millones de chinos reeducados para saber como comportarse en público, prohibición de escupir en la calle, recomendación de no usar calcetines blancos con zapatos negros , e instrucciones sobre como hablar con los extranjeros, Marca 01.08.08); riguroso control de los extranjeros y las fronteras; expulsión de la ciudad de mendigos, pobres y disidentes (El País, 02.02.08); censura rutinaria en Internet para la población, en los hoteles de turistas y en el centro de prensa olímpico (http://www.internetfreedom.org/). El control de la libre expresión llegó incluso a ser asumido por el Comité Olímpico Español que mantuvo una reunión con los deportistas para comunicarles que el que hiciera cualquier manifestación política sería devuelto a España, y es de suponer, que pondría en riesgo su beca deportiva (El País, 05.08.08).

Fig. 8 Interior del Watercube con policía en formación.

¿Debemos considerar que esta situación urbana y social general es completamente independiente de la magnificencia y complejidad de las nuevas arquitecturas y de la extraordinaria producción mediática de la inauguración de los Juegos? ¿O habría que pensarlas como parte de una misma máquina social, económica, cultural y de poder?

El monopolio en la producción de los mensajes, en efecto, parece una de las cuestiones claves en China y en el mundo contemporáneo. ¿Es Beijing, a pesar de todo lo que aquí se recoge, una buena ciudad y representa un buen modelo de desarrollo para conseguir la hexie shehui, la sociedad armoniosa? ¿O es como proponen los críticos como Naomi Klein y como parecen sugerir las informaciones occidentales una gran simulación que se sostiene sobre lo que Giorgio Agamben (2001), entre otros, han descrito como un estado de excepción? ¿Debemos pensar que el mundo se compone siempre necesariamente de lados oscuros y luminosos, y así quedarnos más tranquilos? O incluso como parecen argumentar los dirigentes chinos, ¿justificará el supuesto estado de excepción la consecución del xiaoking para el 2020, la fecha horizonte propuesta por el gobierno chino? Me temo que no será fácil, como dicen los cubanos, llegar a saberlo… ¡Pero se aceptan apuestas!

***

Esta semana comienza ya el atletismo, donde podremos ver el estadio de Herzog y De Meuron en una versión que encajará más fácilmente en nuestros esquemas mentales sobre el espacio y la arquitectura. Dicen que el pavimento, Mondotrack FTX de tecnología parcialmente española, es el mejor de la historia, diseñado para que se batan muchos records (Marca 23.11.07), lo que nos hace pensar en el atletismo como un sistema cíborg según los describe Mitchell (2003). La composición y el diseño del LZ Racer de Speedo (el traje de baño, El País, Sergi Lopez 14.08.08) junto al ambiente de laboratorio del Watercube parece que también está contribuyendo a que se logren marcas en natación nunca imaginadas. Y si amenaza el mal tiempo o la contaminación, la ciudad está preparada para modificar los patrones de niebla, y disparar a las nubes para provocar las precipitaciones en el momento y lugar apropiados (El País 02.08.08). Sobre los deportistas, sin embargo, se llevarán a cabo lo más intensos controles antidopping de la historia…

Me tomaré un vaso de agua del grifo, aprovechando que todavía es barata y potable, y me dedicaré a los placeres del videodromo, a ver si “ganamos” hoy alguna medalla y me olvido de estos asuntos tan siniestros.

Carmona, Sevilla, a 17 de agosto de 2008

 


Imágenes

 

Fig.1 Acto de apertura de los Juegos Olímpicos, 08.08.2008, Pekín. 

Fuente: El País

Fig.2 Eames y B. Fuller, Glimpses of the USA, Moscú 1959. 

Fuente: http://www.ethz.ch

Fig.3 Simulación digital del estadio olímpico Pekín 2008 utilizada para la promoción del evento

Fuente: –

Fig.4 Acto de apertura de los Juegos Olímpicos, 08.08.2008, Pekín. 

Fuente: http://www.boston.com

Fig.5 Acto de apertura de los Juegos Olímpicos, 08.08.2008, Pekín. 

Fuente: http://www.boston.com

Fig.6 Escena al paso de la antorcha olímpica por las calles de Pekín. 

Fuente: –

Fig.7 Estadio olímpico protegido por la policía china.

Fuente: El País, 24.07.2008

Fig.8 Interior del Watercube con policía en formación.

Fuente: Diego Azubel

Notas

(1) Holmes cita aquí a Bureau D’Etudes; Brian Holmes, 2008, Unleashing the Collective Phantoms, p: 102. Sobre este tema puede verse también: Gerald Raunig, 2006, Algunos fragmentos sobre las máquinas, en: http://transform.eipcp.net/transversal/1106/raunig/es

(2) Sin duda, podría hacerse un análisis mucho más genealógico del complejo edificio + ceremonia inaugural como descendiente de los espacios y edificios públicos dedicados a las diferentes formas de la fiesta, – popular o vinculada al poder -, los ritos y los espectáculos de masas, pero quiero explorar aquí el carácter mutante que introducen los nuevos elementos del diagrama como son la tele-audiencia de escala y dimensiones globales y la integración reticular de espacio construido y tecnologías digitales.

(3) Paula Álvarez (en sus trabajos de doctorado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla) viene investigando esta cuestión de la arquitectura como edición de la realidad, aunque entiendo que con matices diferentes de los que aquí planteo.

(4) Como anécdota cabe mencionar que durante la ceremonia falló uno de los ordenadores que funcionaban con Windows hacieno aparecere la famosa Blue Screen of Death. La noticia y las imágenes pueden verse en barrapunto:http://barrapunto.com/articles/08/08/12/1821256.shtml

(5) No lo he visto escrito aún, pero no deja de ser irónico y muy propio del autor que el edificio de Rem Koolhaas en Pekín se llame CCTV, por Central Chinese Television, pero también el acrónimo más conocido en inglés para la videovigilancia: Closed Circuit TV.

Bibliografía

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cómo citar: PÉREZ DE LAMA, José, “Un estadio para 4.000 millones de espectadores”,  notas de trabajo 2008 http://htca.us.es/blogs/perezdelama/2008/08/19/pekin-2008-un-estadio-para-4000-millones-de-espectadores/

Comentarios»

1. christian - septiembre 3, 2008

Un extraordinario ensayo, de un extraordinario amigo….
salu2 Jose

2. christian - septiembre 3, 2008

Jose, te felicito por la atinada información presentada en este ensayo, mismo que nos hace ver todo lo que logra una arquitectura mediática, valiéndose ahora de la tecnología y los nuevos medios. De igual forma estoy seguro que estas líneas delatan una arquitectura que sirve sin lugar a dudas, como un soporte más para lograr ambientes y espacios algunas veces fuera de nuestra “realidad” y otros tantos fuera de “control”.


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